jueves, 28 de agosto de 2014

Confesiones a los cómplices amigos amados amantes


Había encontrado una novela Luna, de la cual, se le cual le quedaron algunas ideas en la cabeza, pese a ser una historia romántica e idealizada de una revolución fuera de tiempo, habían cosas que no le cuadraban del todo; la narrativa que contaba la historia de una pareja que se encontraba y se aliviaba de no volver a levantarse “sucios de cuerpos nómadas”, o la triste justificación de un hombre casado que buscaba “epidermis” para aliviar el no amor y monotonía del matrimonio, no cuadraba con ella y el malestar se explico mas tarde a si mismo.

Luna se había enamorado muchísimas veces, tanto así que ella decía que “siempre se enamoraba”, aunque tal vez otros podrían considerar o que no se enamoraba de verdad nunca o que simplemente era adicta a las endorfinas de enamoramiento que su cuerpo producía, “adicta a las endorfinas de su propio cuerpo”.

En todo caso, para Luna, aquellos tantos hombres a los que había amado, aquellos tantos con los que había compartido la cama, ducha y desayuno, nunca fueron “epidermis” a ella le sorprendía sobremanera que se vacíe a un ser amado de latido, corazón, sangre, aliento, esperma, sudor para dejarles convertidos en vacía piel.


La epidermis de cada uno de sus queridos hombres había sido besada centímetro a centímetro, cada poro, pliegue, hondonada fue tomada, conocida, reconocida por la punta de sus dedos, la fragancia atrás de la nuca fue retenida en su olfato y su boca saboreo con gratitud aquellos labios generosos que derrochaban palabras dulces, ya sean verdades o mentiras, al mismo tiempo que diversos besos, besos diferentes, como distintos fueron sus acompañantes.

Como no honrar aquellas pieles, aquellas epidermis, si abajo corría sangre vivida de pasión y el corazón palpitante? Abajo de aquellas pieles estan ellos, con sus dudas, sus certezas, sus retos.

Todos los hombres a los que Luna tubo el gozo de conocer, habían pedido, respetuosamente, permiso para llegar o menos frecuentemente habían sido invitados, todos ellos ingeniaron de una u otra manera su camino hacia Luna, y a todos ellos ella había dado su consentimiento y su alegre bienvenida, todos sus amados desearon pasar con ella mas de una noche, muchos de ellos en algún momento desearon pasar con Luna todas sus noches y todos sus días. 
 

En este contexto para Luna era imposible pensar que aquellos “cuerpos nómadas” pudieran de ninguna manera dejarla “sucia”, casi siempre la dejaban feliz, lo único que si era cierto es que cada vez que veía partir a uno de sus hombres amados su corazón se rompía en mil pedazos, al mismo tiempo, lo bueno de cada ruptura es que esto le permitía a Luna el lugar, el espacio , el tiempo, la escusa y la oportunidad para reinventarse cada vez, para metamorfosearse, para transmutar.

El último de sus hombres amados le pregunto: “¿eres hombreriega?” a lo que Luna respondió, luego de pensarlo un momento, que NO, sin embargo, ahora que volvía sobre la pregunta, y a la luz de su pasado, ella consideraba ahora que SI, que había tenido la suerte de amar y ser amada por muchos hombres, que había sido la afortunada mujer que había besado infinidad de besos y que recibió a un brillante grupo de “príncipes azules”, muchos de ellos se marcharon convertidos en sapos, en todo caso, si ellos al partir decidían mostrarse tal cual eran fuera de la cama de Luna, eso ya no era el problema de ella; Luna los había amado lindos, los había amado asi y desde su corazón les deseaba a todos una vida feliz, ya sea en el pantano de su elección o en el castillo donde vivieran.


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